El truco

A día de hoy, estar mucho rato seguido con estos dos hijos míos es garantía casi segura de acabar bipolar, despeinada, esquizofrénica y agotada. Se pelean, se reconcilian, se gritan, se abrazan, se roban los juguetes, se los tiran, se los devuelven, se los prestan, se los arrancan de las manos, me buscan, se buscan, se esconden, se gritan, se gritan, se gritaaaaaaaaaaaaaaan.

Me llevan al límite, siendo sincera.IMG_1227

Si se lo digo, se hacen los locos. Les digo, por ejemplo: Chicosmadre mía, estoy a punto de estallar. Me miran (si es que me oyen,  cosa que no pasa siempre), y me salen por donde quieren. Igual me responden: !teta!, o atacan con una pregunta trampa como por ejemplo: ¿y mi terodáctilo?

Son listos, porque te desarman. A veces me rallo y pienso que es muy fuerte cómo se buscan la vida para huir del sermón, no sé. Pero luego razonó (luego, o en el mismo momento en el que estoy viviendo la situación surrealista, que también soy muy dada a la abstracción) que es muy bueno que con treinta y un años recién cumplidos, tenga la capacidad de echar un sermoncillo educativo mientras detecto y efectivamente corroboro que mi hermana me está grabando un boomerang furtivo, y mientras hacer como que no me doy cuenta de que los educandos están pasando olímpicamente de mí.

Encontrar el truco me ha costado, pero ya lo sé:  cuánto importa no tomarse a una misma demasiado en serio.

Y si no, que se lo pregunten a estos dos 🙂

La zapatera

En mi casa, se multiplican los zapatos.

Los infantiles, digo. Para mí que Laniña los esconde en sus sitios secretos, igual que los perrillos esconden sus huesos, y los va sacando cuando ella lo considera oportuno. Este momento puede ser inesperado, es decir, no hace falta que vayamos a salir a la calle para que saque uno de sus pares preferidos; igual los necesita para comerse el melón de la merienda, o resulta que son fundamentales para tender la lavadora que nos disponemos a tender entre los cuatro.IMG_1182

Tiene lo bueno de que no discrimina ni por color ni por talla, con lo cual lo único que importa es que en ese momento le caigan en gracia y estén al alcance su mano en el preciso momento en el que ella los necesite.

Estos de la foto, sin mal no recuerdo, estaban guardados en el fondo del armario desde Reyes, a la espera de que su pie del 19 creciera hasta el 23. ¿Cómo han aparecido abajo, impolutos, tapando sus piececillos de verano?

La respuesta solo ella la conoce, igual nos lo cuenta cuando sepa decir algo más que ¡tatos! cuando le preguntamos de dónde han salido ❤️