Esos días

Esos días. Esos días que empiezan entre las seis y las siete  de la mañana y terminan a las diez de la noche. Esos días en los que los únicos ratos que el enano no está en brazos son los pocos de las pocas y cortas siestas que hace. Esos días en los que te duchas a la una de la tarde. En los que coincide que el papá no está. En los que te habías planteado darle un buen empujón al próximo examen y no puedes ni abrir el manual. Esos días en los que no hay consuelo para el llanto, más que los brazos. Ni manta, ni sofá, ni hamaca, ni suelo…como mucho el fular. Esos días en los que se te parte la espalda. Que se hacen tan largos que cuando miras la hora y todavía son las tres, no sabes cómo vas a hacer para llegar a las 8 y meterle en la bañera y se te escapan las lágrimas. En los que los minutos se estiran mientras M. llora porque me he sentado un minuto a resetear porque ya no puedo más con sus ocho kilotes de una cadera a otra. En los que por fin llega la hora del baño y tampoco quiere, y lo enjabonas como puedes mientras no deja de llorar y lo vistes como puedes mientras se retuerce como un bichejo endemoniado. En los que los cereales se estampan en la mesa porque también come llorando. En los que desistes y le intentas dormir y tras cuarenta minutos lo consigues. Esos días en los que aparece a última hora el papá y te derrumbas. En los que agotada le miras dormir y te enamoras otra vez del diablillo, de su olor, de su manera de decir te necesito, no me sueltes, no me dejes solo…
Esos días en los que aun con todo, a última hora antes de dormir, todavía sonríes pensando pero cómo puede ser tan bonito el cabroncete.
Esos días.

Por qué escribo

No había tenido nunca un blog, aunque no he dejado de escribir diariamente desde hace más o menos unos siete años, y más esporádicamente, desde que aprendí.  Desde que me quedé embarazada, mucho más aún. Casi tengo un día a día, y desde el nacimiento de M., ha sido casi enfermizo. No quiero olvidar nada, no quiero perder nada. Tengo páginas y páginas de word, cuadernos por todas partes… cuando el ritmo loco que llevamos se normalice un poco, tengo que juntar todo, editarlo… y seguir de forma ordenada, para regalárselo a M. y a sus hermanos, que llegarán.
Una de las principales razones para escribir es la poca memoria que tengo. Esa fue la principal razón de empezar a escribir, me pasaban cosas, más o menos tontas o más o menos importantes para mí, y no quería olvidarlas. Poco a poco fue quedando claro, no sé si por la costumbre de hacerlo, o porque lo hacía inconscientemente, que quería que mi futuro estuviera ligado a eso, a la escritura. Así que, cuando llegó el momento, me matriculé en periodismo. Hice las maletas desde Zaragoza donde vivía, y me vine a Madrid, a la Complutense, a hacer periodismo.
Tras la carrera, conseguí más o menos dedicarme al periodismo, aunque mi labor diaria no era muy creativa…pero bueno. El caso es que me gusta escribir, disfruto haciéndolo, intentando plasmar en papel vivencias del día a día, momentos bonitos, feos… de todo.
He encontrado además ahora en esto del blog una nueva satisfacción. No sé cuánta gente me lee, pero los pocos comentarios que he recibido me han hecho muchísima ilusión. Me siento bastante segura escribiendo aquí, que no me parece un lugar muy abierto, no me parece lanzarme al vacío… ha sido una buena forma de empezar.
M. tendrá en su momento, cuando crezca, casi un diario de su día a día de bebé, de momentos que él olvidará y que para mí han significado hitos fundamentales en mi vida. Hace un ratillo hemos terminado de bañarle y ha salido con mogollón de hambre de la bañera. Y nos hemos tumbado los tres en la cama grande, M. en pelotillas, y ahí hemos estado con el nene al pecho riéndonos, hablando…ha sido grandioso, un momento grandioso. Tengo una autofoto cutre, y ahora tendré un párrafo, dos…que lo complementarán y que, supongo, disfrutaremos mucho en el futuro rememorándolo.
Escribir es un placer, una necesidad… es parte de mí.