solos en el parque

Casi todos los días, sobre las diez y media o las once, subimos al pueblo los tres. Muchos días ya a esas horas hace un calor que derrite las neuronas, pero no solemos renunciar al paseo del parque y los recados.IMG_1389

En un principio, enfrentarme a estas cuestas que tiene el pueblo cargada con un carro cargado con dos niños cargados con nosecuantos juguetes, se me hacía bola. La  verdad.

Ahora salimos por la puerta con una alegría bastante kamikaze, pero el caso es que me noto yo más ágil. Me vengo arriba. Ya no me adelantan los perros ni los niños me preguntan qué cuándo llegamos al parque. Vamos ligeros como rayos, surcando el pueblo en busca de las sombras que ya nos conocemos y haciendo los recados a un ritmo vertiginoso, solo interrumpido por Laniña cuando decide bajarse unilateralmente del carro a ver algo que le interesa, o las colas en la pescadería, que yo creo que pasarán los siglos y seguirán siendo un clásico.

Total, que cuando llegamos al parque y aparco el carro con un derrape y todo, me siento genial. Sudorosa, con tembleque en las piernas y ciertamente acojonada por pensar en la vuelta posterior, pero genial. Y ya cuando ellos se percatan de que el parque se va quedando vacío porque los abuelos sensatos se van llevando a los nietos al fresquito de sus casas cerradas a cal y canto, compartimos el sentimiento familiar de sentirnos los reyes del mambo 🙂

Y para que siga siendo posible sobrevivir para volver mañana, sacamos las botellas de agua y nos refrescamos mutuamente un poquillo, el pelo, las manos, se enchufan y beben, disfrutando de este rato de las vacaciones que tanto nos gusta ❤️

Donde dije digo

El verano es muy largo, qué maravilla. Qué cantidad de horas para pensar y repensar, para hacer y deshacer y retractarse de las decisiones que una tomó con seguridad hace unos días. IMG_1316

Que le he cortado el pelo a Laniña esta mañana, vamos. La he mirado de reojillo mientras comía su melocotón del desayuno pringándose todo ese pedazo que no hay quien la recoja, y le he preguntado cómo quien no quiere la cosa: «Oye, L. ¿y si montamos la peluquería en el jardín y te corto un poco el pelo?

-¡ Male!, ha contestado con esa cara que se le pone cuando intuye que se avecina  planazo.

Y dicho y hecho: habré tardado como tres minutos en cortarle las puntas y un poquito más con movimientos precisos, perfectos. Luchando contra su incontinencia psicometríz, contra su vaivén imparable, contra su cabecita loca.

M. Ha ejercido de maestro de ceremonias, dando indicaciones claras y fáciles de comprender: «L. tú mira hacia delante; L., no te muevas que te corta una oreja; L., ya solo queda la mitad de la cabeza». 

No sabemos cómo, pero se ha hecho el milagro y casi no se le notan los trasquilones, de verdad que no 😂