En el centro comercial

Yo de siempre he odiado ir de compras, es superior a mí, y lo he evitado siempre lo máximo que he podido.IMG_1613

Luego tuve hijos y todo cambió: a ellos les mola bastante el rollo. No las compras en sí, pero sí el despliegue: el patinete para deslizarse por los resbaladizos pasillos de los centros comerciales, el pilla pilla entre los percheros de las tiendas, la chorrada que acaban pillando, la monedita para el coche eléctrico del párking…

Molón, el panorama.

Yo voy pasando por diferentes fases a lo largo de la tarde, desde la madre embelesada que observa a los polluelos corretear entre las montañas de ropa rebajada con una agilidad que es que es pa verlos, hasta la madre totalmente pasada de rosca que no escucha más que el dindondín de las cajeras llamando a sus compañeras porque la situación se les va de las manos.

A ellos, todas las versiones de padre y madre les vienen bien, porque básicamente son tan felices y atolondrados como dos golondrinas en primavera y me hacen más poco caso que yo que sé a qué. Pero la verdad es que hay una versión paterna que les triunfa más que cualquiera: la que ofrece la espalda y los hombros cuando las patas de las golondrinas ya no dan más de sí 🙏🏽❤️

La vida pirata

Ya lo hemos cantado todos en algún momento: la vida pirata es la vida mejor.

Y es que es verdad.IMG_1468

Pienso por eso que casi todos los piratas, los de los libros y cuentos, lo que de verdad tenían era un niño o una niña en su interior, porque es que comparten algunas caracaterísticas fundamentales: no importa ir sin vestir o vestidos estravangantemente, no importa pasarse algunos días sin pisar una ducha, no importa comer lo que sea y donde sea… lo único fundamental es seguir siempre hacia delante, hacia delante y enfrentarse a lo que aparezca de por medio con los ojos bien abiertos, con ganas y sin pensar en que nada puede ir mal. Tú miras a los críos y es que todo les parece fenomenal, oye, a todos los planes van con los ojillos de aventura,

En fin, que hace un rato he pensando que ese es el truco olvidado de la infancia: vivir como piratas.