Los reyes del mambo

Algunos días, llego a última hora con la cabeza en su sitio de purito milagro. Digo en su sitio pero me refiero a que consigo utilizarla únicamente y dando gracias para realizar las funciones básicas de antes de ir a dormir. Que no se me pida más porque hago como Laniña, me hago un pinopuente, me hago la loca, y adiós muy buenas. IMG_0523

Que no puedo más, que ha pasado lo peor que puede pasar: que se desvelen cuando ya estaban dormidos y hagan reset.

Ni a mi peor enemigo, palabrita.

¡Hasta mañana!

Zipi y Zape

A ver si a alguna madre de dos que se llevan poco tiempo esto le suena: el momento siamés. Estamos en esa etapa en la que todo lo que hace el mayor, es repetido de forma inmediata por la pequeña.FullSizeRender

Hay cosas para las que esta etapa pues bueno, da más o menos igual: si el mayor de despierta, la pequeña también; si él acaba de cenar, la pequeña deja el plato en ese mismo momento y sale detrás del hermano con los carrillos llenos y sin mirar atrás; o si a M. le apetece dejar las construcciones y salir al césped a jugar, a ella, casualmente y de pronto, también.

Luego hay cosas para las que es un poquito más complicado: ella suele querer el mismo juguete que su hermano, ponerse a mi lado justo cuando él se acaba de sentar, o comerse el último yogur que su hermano acaba de coger o la última patata frita que se acaba de comer. Santa paciencia en estas situaciones.

Y luego están los momentos en los que siento que esta etapa podría quedarse para siempre: le busca y le espera a todas horas, se pone las tiritas en el mismo sitio en el que su hermano se acaba de hacer una herida de verdad, le da besos cuando llora o directamente dice «tiste» para decir que se siente triste como él.

Tengo su vocecita grabada en la memoria, reverendo por la casa cuando no le ve: ¿Iyeeeeeeeeeeeel?

Y la de M. contestando con alegría: ¿qué, hija, qué? ¡Estoy aquí!

Me emocionan 🙂

¡Hasta mañana!