Olvida al operario

Parece mentira, pero sí: ¡el día ha terminado!  Hace veinte minutos el pronóstico era regulero tirando a catastrófico: una saltando de mueble en mueble y el otro sugiriendo nuevas ideas «inocentes» mientras jaleaba sus acrobacias.

IMG_0942De modo que voy a sacar el edredón de invierno, voy a cerrar los ojos y voy a intentar olvidarme del viento que ha hecho durante todo el día, de lo fríos que tengo los pies, del operario de la compañía de teléfonos metido en el salón durante dos horas espatarrao en mi alfombra llamándome Laura como si me conociese de toda la vida, del olorcillo que desprendía el mismo operario a llevar currando todo el día, de los niños saltando por encima de sus botazas mientras se les caía el nesquick y de la cantidad de veces que nos ha deleitado con sus anécdotas telefónicas mientras reiniciaba por duodécima vez el sistema.

Voy a cerrar los ojos y voy a recordar el concierto de ayer, que la vuelta a la realidad ha sido todo much 😂

Si es que me pongo de muy mala leche, pero luego miro estos cuerpecitos y… 🙂

De tiendas con los niños

Hoy he descubierto un sistema infalible para que te atiendan de maravilla en esos locales que bien pudieran pasar por salas de tortura: las tiendas de telefonía. A priori, puede parecer que aventurarse a uno de estos locales con una hija y un hijo en pleno colocón vacacional es poco menos que buscar la muerte.

Pues no.

Lo que ocurre es justo lo contrario: si tú estás en la tienda con dos niños que se persiguen, que corretean y se estampan contra los cristales a toda velocidad, que se suben a las sillas giratorias y empiezan a dar vueltas sin parar… la tienda se vacía. En serio. Si hay alguien esperando detrás de ti, se va. Ese alguien ve el percal y piensa: ni de coña. Y por raro que parezca, al dependiente este hecho no le mosquea, muy al contrario; ¡le relaja!FullSizeRender

Yo creo que es que se genera demasiada hostilidad en este tipo de lugares donde para la más mínima gestión echas media tarde. Eso va generando un resquemor en los clientes que esperan, resquemor que el dependiente acaba percibiendo y, quieras que no, trabajar así día tras día tiene que agobiar.

De modo que estando con hijos (cuantos más mejor) la puerta del local se abre, la persona que pretende entrar al local mira en el interior, ve a esos retoño convertidos en gremlins, abre mucho los ojos, lo piensa dos segundos, y se pira.

Y el dependiente súper atento a mi contrato. Sin prisa. Relajao.

Los críos chupan un cristal, pero el tío no se inmuta. Yo le entiendo: la baba no se ve; la mala leche del que espera y desespera, es que se palpa en el ambiente 🙂

¡Hasta mañana!