Ser hija/ser madre

Por circunstancias, ha llegado a mí una maleta llena de fotos de mis padres, desde que eran novios hasta que mi hermana cumplió seis o siete años. La sensación que tengo cuando la miro ahí, pegada a la estantería, es que pesa mucho más, muchísimo más de lo que lo hace en realidad. Son años, unos 30, resumidos y guardados en ella. Claro, en cuanto M. me deja un rato, la abro y me siento en el suelo a mirarlas. Hace un rato he terminado de verlas todas. Y he tenido varios pensamientos recurrentes en los días que me ha llevado la tarea de sacarlas y ordenarlas:
Si miro el montón en el que salen mis padres de jóvenes, con esos looks ochenteros que en ellos no quedan mal, que les hacen, sobre todo a ella, tan guapa y feliz, me viene un sentimiento de libertad. Eran tan libres, las sonrisas siempre fáciles, se lo pasaban de flipar por Madrid. Se les ve felices, pienso en cuando yo tenía sus 18 o 20 años, incluso miro mis fotos en el ordenador de esa época de mi vida. Han cambiado muchas cosas en esos 30 años que van de diferencia de unas fotos a otras. Sin embargo detecto en las dos, en las de mis padres y en las mías, ciertas similitudes en cuanto a las actitudes, los gestos,  hay muchas fotos en su caso en guateques y discotecas cutres, en el mío de botellones o fiestas en pisos de estudiantes, compañeros de facultad. Pienso que yo en esos momentos era hija, que mi madre era hija. Ser hija. Me parece curioso, bonito incluso, que sea donde sea y como sea la foto, las dos hemos vivido esos momentos gracias a las madres.
Yo soy muy sentimental, incluso rozando la ñoñería y la jilipollez en muchos momentos. Y recuerdo vueltas a casa en esos años, de la mano del que hoy es el padre de M., en los que pensaba en mi madre, en mis padres, ambos en casa preocupados si se hacía muy tarde. Ahora soy capaz de sentir cómo de preocupada estaré yo cuando lleguen las cinco y las seis de la mañana y M. no haya llegado aún.
Luego hay fotos de cuando yo nací, de la primera vez que fuimos a la playa, de los primeros veranos en el pueblo. Veo en mi madre miradas que reconozco en mí dirigidas a M. Les veo inexpertos y seguros a la vez, me veo feliz, gordita y en pelota picada en el verano del año que nací. Imagino la sensación que debe ser para ellos ver como su hija ya es madre. Y la comparo con mi sensación y mis sentimientos desde que soy mamá.
No es que haya cambiado, soy la misma persona, la misma hija, mis objetivos, pasiones, hobbies…todo eso sigue ahí. A los seis días de dar a luz a M. defendía la tesis ante el tribunal del Máster que estaba haciendo, sigo estudiando a distancia, he tenido que ir a exámenes, en mayo tengo más…lo que hace que mi vida de estudiante siga ahí. Sigo siendo la Paula cargada de libros allí donde va, solo que ahora también voy con M. y todos sus bártulos. No me deja el ordenador subir fotos a los post, pero hay una que he hecho hoy y que me ha parecido preciosa y muy representativa de lo que intento expresar hoy: iba con prisas a sellar la cartilla del paro, y en el gorrito de M. he metido la cartera, las llaves de casa y del coche, su mordedor y un lote limpiaculos en miniatura que llevo para emergencias en un minineceser y que no ocupa casi nada, con el dodotis todo plegado. He hecho un lacito con las dos cuerdas del gorrito, y nos hemos ido colgando en el fular. He sentido que mi vida y la suya se complementan, que ha encajado entre mis cosas perfectamente, así como yo entre las suyas, y que algún día todo este puzzle servirá para él sea una persona libre y feliz.
Siento que los dos, M. y yo, formamos parte de un todo bastante armónico, de algo empezó mi madre, que a su vez empezó su madre…y así. Ser hija primero y madre después forma parte de un proceso, de un camino, que me fascina.
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Un comentario en “Ser hija/ser madre

  1. Pajaguja dijo:

    Cuando iba a independizarme, un amigo me dijo que a los padres se les quería más cuando echabas el vuelo, pero que había que pasar de hijo a padre para entenderles. Yo espero que el día que sea madre pueda, al menos, reconciliarme con la mía y no repetir el patrón familiar de madres e hijas que no se entienden entre ellas.

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