Frío de verano

Me encanta el frío en medio del verano. Bien es verdad que me ha pillado por sorpresa y que al churumbel se le queden los pies fríos porque no he echado ni un miserable par de calcetines le resta encanto, pero bueno.
Hay algunas cosas que me gustan de estos días, y la primera es el olor. Ese  olor a mojado que tiene diferentes matices según lo que esté húmedo: el césped, el asfalto o la madera. Un olor que yo creo que a todo el mundo le da buen rollo, a todo el mundo le dibuja la sonrisa, todo el mundo comenta lo bien que huele cuando va a llover o cuando ya ha llovido.
Luego está el tema del moreno. Una está morena, pero ese colorcito de salud veraniego resalta mucho más en la ducha, por ejemplo, cuando te miras a los pies y dices !hala, pues sí que estoy morena! Y también resalta mucho más con el cielo encapotado, con el color gris plomo que llena las calles y hace que las cosas brillen menos, y que por lo tanto el morenito luzca más.
Otra cosa que mola de estos días frescos de verano es ponerse un vaquero con sandalias, un pantalón corto con sudadera, tener que volver a casa de una carrera porque te estás pelando y coges algo, lo que sea y de quién sea, para quitarte ese frío que no cuadra. Ir a la piscina y meter los pies mientras se te queda el culo frío de la piedra del borde, jugar a las cartas en el suelo mientras los mayores vaticinan si va a volver a caer o no.
Y el nuevo descubrimiento de este verano: poner a M. una chaqueta mía con las mangas dobladas en mil vueltas  y salir con él a que pise el césped mojado, que se le salga la sonrisa y el suspiro de ay qué frío. Tocarle los piececillos y pensar que igual eres un poco malamadre y temeraria, que te los metas en tus bolsillos para calentárselos y que el enano no haga nada por sacarlos. Estar un rato así, en medio del frío, del olor, oyendo como nos llama la abuela para que nos metamos para dentro y no hacerle caso, hacer como que no oímos porque estamos felices manteniendo el frío a raya para que no joda demasiado y podamos disfrutar de él.
Meternos corriendo a casa cuando las primera gotas enormes y densas anuncian que ya está aquí la tormenta.
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