La zapatera

En mi casa, se multiplican los zapatos.

Los infantiles, digo. Para mí que Laniña los esconde en sus sitios secretos, igual que los perrillos esconden sus huesos, y los va sacando cuando ella lo considera oportuno. Este momento puede ser inesperado, es decir, no hace falta que vayamos a salir a la calle para que saque uno de sus pares preferidos; igual los necesita para comerse el melón de la merienda, o resulta que son fundamentales para tender la lavadora que nos disponemos a tender entre los cuatro.IMG_1182

Tiene lo bueno de que no discrimina ni por color ni por talla, con lo cual lo único que importa es que en ese momento le caigan en gracia y estén al alcance su mano en el preciso momento en el que ella los necesite.

Estos de la foto, sin mal no recuerdo, estaban guardados en el fondo del armario desde Reyes, a la espera de que su pie del 19 creciera hasta el 23. ¿Cómo han aparecido abajo, impolutos, tapando sus piececillos de verano?

La respuesta solo ella la conoce, igual nos lo cuenta cuando sepa decir algo más que ¡tatos! cuando le preguntamos de dónde han salido ❤️

 

Laissez faire

Hay un aprendizaje relacionado con la crianza de fierecillas que he adquirido hace relativamente poco tiempo: reconocer el momento oportuno para callarme y dejar que salga el sol por donde quiera. IMG_1712

Cuesta, porque se tiene casi todo el día como la presión de educar, acompañar, reconducir, explicar, ofrecer… una locura. Pero a mí me pasa, no sé si a alguien más, que a veces llega un momento en el que me veo avasallada por las energías atómicas de los dos hijos, tan explosivos para todo, que me digo: mira, mejor me voy a callar, y ya cuando ellos también se callen, vemos qué pasa.

Laissez faire, que nos decían en clase de Historia. Si es que a mí siempre me ha encantado esa asignatura, debe ser algo del destino que luego le haya encontrado aplicación práctica en el mundo infantil 😂