A la bolsa

Uno de los peligros de la vida (iba a decir de la maternidad pero creo que esto le pasa al más pintao) es la acumulación de trastos sin control, a lo loco, en las casas. Yo miro a mi alrededor a menudo y pienso en cómo sería una vida sin esta acumulación. Me entra nostalgia de esta sensación desconocida, de verdad que sí.IMG_1801

Por ello, muchos días tengo lo que yo llamo «la sombra de la bolsa». Es un tema muy de madre, pero yo en lugar de amenazar a los niños con meter los juguetes en la bolsa de la basura, me amenazo a mí misma: «mañana mismo cojo una bolsa de basura, y empiezo por arriba y terminó por abajo». Y me imagino abriendo cajones y echando a la bolsa todo lo que no sirve y dejando todas las estancias despejadas y súper nórdicas y todo fenomenal.

Lamentablemente, esto no pasa de ensoñación, porque el día que me planto y decido ponerlo en práctica no hay forma de arrancar; cada pequeña mierdecilla me trae un recuerdo, o lo que es peor y ya es de estar mu loca: pienso que les puede traer recuerdos a los crías, y ahí ya me rajo. Pienso en el hipotético día en el que me pregunten por aquel piñón que recogimos aquel día de aquel invierno, y me pesa mucho ser yo la que haya hecho desaparecer tal recuerdo.

Así que, ante esta horrible posibilidad, suspiro, me resigno, lo ubicó como buenamente puedo en nuestro dulce hogar, y ya entonces puedo respirar tranquila… hasta la próxima crisis minimalista.

El truco

A día de hoy, estar mucho rato seguido con estos dos hijos míos es garantía casi segura de acabar bipolar, despeinada, esquizofrénica y agotada. Se pelean, se reconcilian, se gritan, se abrazan, se roban los juguetes, se los tiran, se los devuelven, se los prestan, se los arrancan de las manos, me buscan, se buscan, se esconden, se gritan, se gritan, se gritaaaaaaaaaaaaaaan.

Me llevan al límite, siendo sincera.IMG_1227

Si se lo digo, se hacen los locos. Les digo, por ejemplo: Chicosmadre mía, estoy a punto de estallar. Me miran (si es que me oyen,  cosa que no pasa siempre), y me salen por donde quieren. Igual me responden: !teta!, o atacan con una pregunta trampa como por ejemplo: ¿y mi terodáctilo?

Son listos, porque te desarman. A veces me rallo y pienso que es muy fuerte cómo se buscan la vida para huir del sermón, no sé. Pero luego razonó (luego, o en el mismo momento en el que estoy viviendo la situación surrealista, que también soy muy dada a la abstracción) que es muy bueno que con treinta y un años recién cumplidos, tenga la capacidad de echar un sermoncillo educativo mientras detecto y efectivamente corroboro que mi hermana me está grabando un boomerang furtivo, y mientras hacer como que no me doy cuenta de que los educandos están pasando olímpicamente de mí.

Encontrar el truco me ha costado, pero ya lo sé:  cuánto importa no tomarse a una misma demasiado en serio.

Y si no, que se lo pregunten a estos dos 🙂