A la bolsa

Uno de los peligros de la vida (iba a decir de la maternidad pero creo que esto le pasa al más pintao) es la acumulación de trastos sin control, a lo loco, en las casas. Yo miro a mi alrededor a menudo y pienso en cómo sería una vida sin esta acumulación. Me entra nostalgia de esta sensación desconocida, de verdad que sí.IMG_1801

Por ello, muchos días tengo lo que yo llamo “la sombra de la bolsa”. Es un tema muy de madre, pero yo en lugar de amenazar a los niños con meter los juguetes en la bolsa de la basura, me amenazo a mí misma: “mañana mismo cojo una bolsa de basura, y empiezo por arriba y terminó por abajo”. Y me imagino abriendo cajones y echando a la bolsa todo lo que no sirve y dejando todas las estancias despejadas y súper nórdicas y todo fenomenal.

Lamentablemente, esto no pasa de ensoñación, porque el día que me planto y decido ponerlo en práctica no hay forma de arrancar; cada pequeña mierdecilla me trae un recuerdo, o lo que es peor y ya es de estar mu loca: pienso que les puede traer recuerdos a los crías, y ahí ya me rajo. Pienso en el hipotético día en el que me pregunten por aquel piñón que recogimos aquel día de aquel invierno, y me pesa mucho ser yo la que haya hecho desaparecer tal recuerdo.

Así que, ante esta horrible posibilidad, suspiro, me resigno, lo ubicó como buenamente puedo en nuestro dulce hogar, y ya entonces puedo respirar tranquila… hasta la próxima crisis minimalista.

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