Un día cualquiera

Yo no soy muy de frases hechas, porque suele parecerme que es mejor inventar una nueva para cada ocasión, pero para lo que tengo que contar hoy hay una que me viene al pelo: con críos, muchas veces, menos es más.IMG_1042

Digo esto porque creo que algunas madres y algunos padres nos atormentamos en determinados momentos pensando que a ver si los hijos se van a aburrir, se van a cansar, no van a disfrutar… y resulta que luego te das cuenta de que no hace falta prácticamente nada para pasar un día genial y que ellos lo disfruten al máximo. Sin salir de casa, sin mover el coche, sin manchar ropa, sin organizar nada.

Hoy hemos hecho: comida, plastilina, algo de trabajo en el ordenador, piscina, riego en los jardines, sesión de pintura, construcciones, regarnos con la manguera del jardín, lectura, correteos por el césped, inspección de escarabajos, merendar fruta a la sombra de las arizónicas de la piscina, un poquito de bob esponja y otro poquito de no hacer nada más que estar tirados unos encima de otros hablando de «nuestras cosas», como se conoce en casa a sentarse sin propósito fijo y terminar hablando de cosas trascendentales para M.

Pienso todo esto cuando me doy cuenta de que no he hecho en todo el día más que una foto, cosa que me suele pasar (a mí, que soy de gatillo rápido) los días en los que hay mucho que hacer o muchos sitios a los que ir.

Esto me lleva a pensar en todo lo que hay por y para vivir, a nada que estemos dispuestos a valorar lo pequeño y cotidiano. Siendo así, siempre nos acostaremos con agotamiento y plenitud, como cualquier otro día 🙂

 

Un buen vecino

Me parece muy fuerte que en estos momentos de la civilización, todavía no se hayan inventado artilugios que te avisen de que estás saliendo de casa dejándote las llaves dentro. IMG_0016

Hoy, concretamente a las cuatro y veinte de la tarde, nos ha pasado esto. Era para vernos, los cuatro integrantes de la familia en el abrasador jardín rememorando los instantes previos al portazo que nos ha dejado, literalmente, en la puta calle.

En estos momentos, lo guay de nuestra familia es que nos compensamos: unos pieden los nervios (la parte masculina de la familia), y a otras nos da por sentarnos en una silla a pensar con la cabeza (la parte femenina, en este caso).

Me hace gracia que yo siempre he sido muy de creer en la movilización ciudadana, y ha sido precisamente esta movilización la que nos ha permitido ahorrarnos el cerrajero: los vecinos se han ofrecido voluntarios para hacernos el favor de forzar la puerta. Con un trozo de botella de plástico de las de tinto de verano. Lo flipo.

Les he visto venir, con el bañador todavía mojado y su arma secreta, que parecían los caza fantasmas. Nos han abierto, por supuesto, y además nos han dejado dos valiosas lecciones: una de buena vecindad, y otra de lo útil que es tener nociones de todo un poco en esta vida.

Mañana, sin falta, les llevo un bizcocho 🙂