Un ratito de paz

Ya llevamos quince días de vacaciones, aunque parezca mentira. El tiempo es súper relativo, porque algunos días parece que nunca terminan, pero si lo miras en global, al revés: el tiempo vuela. IMG_0600

El caso es que podemos decir que acabamos de coger ciertas rutinas dentro del descontrol controlado que suponen las vacaciones, y una de las que más molan es la que se establece después de comer: en la penumbrilla fresca que a duras penas conseguimos mantener dentro de casa en los días de calor, les pongo un ratito los dibujos. Yo suelo intentar leer, pero casi siempre acabo sirviéndoles de sofá por turnos, porque están aún en la edad en la que es un planazo estar encima de mí durante horas, cuanto más cerca y más encima, mucho mejor.

El caso es que en ese rato de tranquilidad, que no dura mucho la verdad, no suelen hacer caso a la tele. Ellos la tienen de fondo mientras hacen sus cosillas,  pero algunas veces pasa que algo les interesa y entonces dejan de murmurar, gritar, saltar, trepar, pintar, hacer que leen… y cogen la posición de interés, la de la foto. El caso es tumbarse donde pillan, por ejemplo, entre la mesa y el sofá. Muy casual.

Se empapan bien de lo que Bob Esponja tenga que decir, y de pronto alguno de los dos decide que es el momento de apagar la tele, se levanta y ¡pum! Adiós muy buenas.

Es este el momento en el que se me acercan, y surge de sus boquitas la pregunta del millón, la pregunta que me hace cerrar el libro lentamente y escuchar con aprensión: ¿mami, salimos ya?

En mi mente se suceden las imágenes de la futura tarde que nos espera a gran velocidad: manguitos, toallas, chupitos de agua de la pisci, llantitos, avispas, cuencos con fruta para merendar, pequeñas putadillas que se hacen entre ellos, bañadores mojados, juguetes desperdigados, el olor del aftersun.

Repaso las imágenes, tomo aire, cojo impulso…

Y adiós a la paz ❤️

Enajenación mental transitoria

Hoy no ha parado de llover, y el encierro consecuente de este hecho podría ser la causa que explicase el momento de locura estelar que los hijos han protagonizado durante la cena.

Pero no.IMG_0563

No, porque desde hace un tiempo estos numeritos a la hora de cenar son muuuuuy habituales. Aún así, suele pillarnos por sorpresa, porque pasa que justo antes de bañarse y sentarse a la mesa, están como zombies. Medio dormidos, cansados de todo el día y de esto que les ves que se mantienen en pie de puro milagro. Solemos pensar que va a ser cenar, dientes y a dormir. Rápido y sencillo.

Pero algo pasa en ese pequeño periodo de tiempo, entre que ponemos la mesa y se sientan a cenar. Se van, poco a poco, viniendo arriba. Unas gárgaras con el agua por aquí, una guerra de tenedores por allá… hoy el momento culminante lo hemos vivido cuando han decidido que comer el yogur con la cuchara del revés (a lo convexo) era lo más de lo más.

Tú les mirabas, y en esos momentos eran dos seres enajenados: con la cuchara del revés, la risa floja, y escupiendo yogur a propulsión sin poder parar de reír, decorándose los respectivos flequillos mutuamente con gotitas de producto. Un panorama no apto para todos los públicos, la verdad. Te debates entre poner fin al asunto quitando yogures a medias con !sacabó!, o unirte a la fiesta y pedir que te enseñen cómo se come así. Todo depende del nivel de estrés acumulado durante el día.

Lo que sí es verdad es que la tontuna les dura un rato.

La bonitez y la alegría, todo el día ❤️