La niña de la selva

A veces en la vida no te queda más remedio que abrir la mente y dejarte sorprender por lo que venga. A mí, en concreto, me vino hace casi dos años una hija loca. Troglodita. Si hubiera sido india, india americana, fijo que se llama Pluma Volando Libre al Viento o Golondrina Salvaje.

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El caso es que ella durante el invierno consigue más o menos hacer una vida normal (ahora recuerdo que en plena Semana Santa se fisuró la tibia y estuvo escayolada), pero es llegar el verano y dejarse llevar por su auténtica naturaleza: pelo al viento, pies descalzos, ropa inexistente, agua por todas partes y dedo gordo del pie siempre preparado para hacer de avanzadilla y probar el agua de la piscina, sentir la consistencia del barro del jardín o comprobar si podrá resistir lo suficiente el calor insoportable de las baldosas abrasadas por el sol para llegar a la otra punta del jardín y señalarme una avispa.

Pispa, pie, titi, duele, tí. Que le picó una avispa en el pie un día en la pisci y que le duele, sí.

Ahora el panorama es este: una uña de la mano a punto de caer, una picadura de avispa que no se olvida y esa manera de comer sandía de niña de la selva, que reconozco que me enternece hasta niveles de locura.

¡Y sólo llevamos once días de verano oficial!

¡Hasta mañana!

Una jaima en el jardín

Teníamos una tela gruesa, colorida y gigante en casa, que hoy se ha convertido en el toldo del jardín de atrás.  Aquí es que pega el sol mucho, y aunque yo soy muy sun-friendly, a mis chiquis les mola regulín. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que se trata de una chapucilla de colosales dimensiones: tres nudos y unas cuerdecillas bien tensas anudadas a la valla han convertido nuestro jardín en una jaima a prueba de tardes de verano. IMG_1004

El invento tiene sus lagunillas, la verdad. Se menea con bastante violencia en cuando sopla algo de aire, según va cayendo en sol la sombra desaparece y dependiendo de lo tensas que estén las cuerdas, si el aire se cuela bajo nuestra jaima, se hincha la tela que da gloria, se hincha hasta que se redondea y parece que nuestra casa es la de Up y que podemos salir volando en cualquier momento, en bikini e incluso con manguera, como en la peli.  M. dice que no me preocupe que eso solo pasa en las películas porque las películas son de humanos pero de dibujos, ¿vale, mami?

Ha sido una tarde súper divertida, porque no es solo que hayamos puesto la tela, es que algo tan insignificante como eso, si escuchas a los enanos y les dejas un poco en paz, hace que tu mismo jardín, el de todos los días, se convierta en otro mundo, se transforme en otra realidad.

Y esa realidad, ay, puede venir con hasta una hora ¡una hora! de paz lectora en el rinconcito sombreado y tranquilo del jardín 🙂

¡Hasta mañana!