Almacenaje encantado

Yo una vez fui a Ikea y arrasé con los cajoncillos de plástico transparente. Te lo venden como la solución a todos tus problemas de espacio, pero son una trampa bastante mortal. Éste de la foto, concretamente, desde sus primeros días entre nosotros mostró sin palabras un hecho sorprendente: no se deja llenar por los niños.  Pensando y pensando, llegué a la conclusión más lógica, sensata y evidente. Yo es que tengo culturilla.

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A lo que voy: claramente, a mí este cajón me lo vendieron hechizado con los mismos encantamientos con los que Dumbledore protegió el Cáliz de Fuego: de él sólo pueden salir cosas, nunca entrar. Eso sí, el hechizo solo funciona cuando los que pretenden (o imaginan, porque de ahí no pasan) guardar las infinitas piezas de las construcciones dentro de él son los menos de edad de la casa.

¡Igualito que en el libro!

Todas las noches, sin excepción, pienso en Harry Potter y en sus maravillosas enseñanzas y aplicaciones para la vida diaria del mundo real mientras recojo las construcciones por todos los recovecos de nuestro dulce hogar.

¡Hasta mañana! 🙂

La barca y el catalejo

Familiarmente, estamos en ese momento en el que ir a un parque supone unir dos vertientes vitales totalmente distintas: Laniña es feliz  retirándose el pelo de la cara entre tortazo y tortazo al salir volando del tobogán, y M. disfruta durante horas del suave balanceo de su barca-columpio imaginaria. En ella navega tranquilamente viendo el horizonte caribeño cuajado de barcos pirata, y entre batalla y batalla vuelve por momentos al mundo real para dejar caer alguna de esas preguntas sencillitas y nada trascendentales que a sus casi cinco años comienzan ya a asaltarnos (y asaltarle) cada vez con más frecuencia.FullSizeRender-7

Combinar los dos momentos vitales de mis dos hijos, acompañarles con calor a los dos, no dejar ninguna pregunta del mayor sin respuesta y controlar que a la pequeña le duren los dientecitos unos cuantos años más, es un desafío extenuante.

Suerte que hoy la barca-columpio de Miguel me permitía meterme bien en el papel, y he podido acompañar a Laniña en su juego temerario desde mi gran catalejo pirata.

 

¡Hasta mañana! 🙂