Almacenaje encantado

Yo una vez fui a Ikea y arrasé con los cajoncillos de plástico transparente. Te lo venden como la solución a todos tus problemas de espacio, pero son una trampa bastante mortal. Éste de la foto, concretamente, desde sus primeros días entre nosotros mostró sin palabras un hecho sorprendente: no se deja llenar por los niños.  Pensando y pensando, llegué a la conclusión más lógica, sensata y evidente. Yo es que tengo culturilla.

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A lo que voy: claramente, a mí este cajón me lo vendieron hechizado con los mismos encantamientos con los que Dumbledore protegió el Cáliz de Fuego: de él sólo pueden salir cosas, nunca entrar. Eso sí, el hechizo solo funciona cuando los que pretenden (o imaginan, porque de ahí no pasan) guardar las infinitas piezas de las construcciones dentro de él son los menos de edad de la casa.

¡Igualito que en el libro!

Todas las noches, sin excepción, pienso en Harry Potter y en sus maravillosas enseñanzas y aplicaciones para la vida diaria del mundo real mientras recojo las construcciones por todos los recovecos de nuestro dulce hogar.

¡Hasta mañana! 🙂

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