Lo normal

Llamadme pasota, llamadme desordenada, llamadme malamadre. Yo prefiero aplicarme a mí misma un sabio refrán: “donde fueres, haz lo que vieres”. Aunque bien pensado, en este caso yo no he ido a ninguna parte, sino que ha sido M., el prota, quien ha venido a éste lugar. El caso es que sí, que el tío me ha llevado a su terreno y ha conseguido que, desde hace varios meses, yo esté empezando a considerar como perfectamente normales cosas que, se mire por dónde se miren, no lo son. 
Se aprecia regulín, pero esta foto muestra: una cacerola
en un sofá y una sartén llena de piedras en una mesa.
No digo ná, y lo digo tó. 
No voy a entretenerme con medias tintas, ni introducciones que nos alejen de la cruda realidad, por lo que sin más, pondré un ejemplo: en nuestra mesa del salón descansa desde hace varias semanas uno de los adornos hogareños más inquietantes que nadie en su sano juicio pueda imaginar: una vieja sartén llena de piedras cociéndose al vapor. Tal y como se lee. Nosotros, los primeros días, cuando el niño se dormía tras sus labores culinaras, lo recogíamos todo bien recogidito: piedras al jardín, por un lado, sartén a la cocina, por otro. Muchas noches realicé este tipo de juego inverso que devolvía durante unas horas el orden al hogar. Lo que pasa es que debió de llegar un punto (y digo debió porque yo, conscientemente, no me he dado cuenta) en el que ver esa sartén ahí en medio de la mesa, llenita de piedras graníticas que lo mismo funcionan como patatas, que como pescaíto que como fideos, era para mí lo más normal del mundo, vamos, es que ni registro la anormalidad de la ubicación. Y claro, esto siempre pasa al abrir la veda: pasada por alto la sartén, pasado por alto todo lo demás: botes de perejil en los cajones del cuarto, lápices clavados en las macetas del jardín, ovillos de lana dentro de cacerolas, deuvedés entres los cartones de leche… Yo, a estas alturas, estas cosas es que las veo y, de verdad, me resbalan; muchas veces ni reparo en estas ubicaciones sorprendentes. 
Debe ser un mecanismo de adaptación ancestral que hace que a una le parezca que la casa está decente cuando, a ojos vista para cualquiera que no la habite a diario, no lo está. No lo está ni por asomo. Las casas de bien no tienen baterías de cocina en el sofá, botes de colonia en los cajones del costurero, saquitos de poleo en la lavadora vacía, sartenes en la alfombra. De verdad que no. Pero claro, coge tú y explícale a un niño de dos años que está preparando el menú del día que no, que la lana no se come, que los poleos no se lavan, que las piedras no hierven y que la pasta, por mucho que tú la metas en un cajón vacío, no se ablanda. Yo esas ilusiones, aviso, no estoy dispuesta a quitárselas. 
De modo que, como dije, he optado por hacer lo que veo hacer a M.: tomar todo esto como normal e incluso deseable: tenemos catering a todas horas, catering mágico si me apuráis, porque tú puedes pedir lo que quieras que esa piedra, esa piedra que al principio cantaba la traviata en medio del comedor y hacía daño a los ojos normales, te lo concederá en cuestión de segundos. Un toque mágico con la cacerola de M., y listo. Piedra a la carta. 
Que luego buscas algo importante por toda la casa y no aparece, sí; pero, bien pensado, una nunca sabe cuándo va a necesitar una piedra. Y M., por lo visto, prefiere estar bien preparado y tenerlas cuanto más a mano, mejor. 
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15 comentarios en “Lo normal

  1. Maribel Peña dijo:

    Jejejejejejeje!!!! ya te digo que es normal, normalísimo!!!! en mi casa tenemos siempre papeles hechos un rollo, que mi hijo pequeño (que también es M.) se cuelga a la espalda y dice que son “ezpadas”, y las va dejando por ahí, para que nos “cortemos” el día menos pensado… y lo mejor es que la gente me mira raro cuando ante su cara de pregunta, señalando los papelotes que están por todas partes, yo contesto: “ah, sí, son las espadas!!!”
    Bs

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  2. xikimami dijo:

    Llegan a nuestra vida y nos lo desordenan todo!
    Yo antes de poner la lavadora tengo que hacer una limpieza, porque es como su escondite secreto… si no encuentras algo en casa, vas al balcón y allí está, dentro del bombo jajajaj

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